Nota sobre Mario González: “El encierro de un anarquista”

11 agosto.  La torre médica del Penal de Tepepan era el destino esperado, el paciente preso: Jorge Mario González García.  Tres revisiones  previas a la entrada del hospital me esperan; nombre, vestimenta y sellos de seguridad. Sin embargo, la entrada no resulta tan sencilla. En un primer intento el pants verde que porto no es permitido, después soy regresada porque el custodio encargado no ha reportado aún mi cambio de ropa.

“Cama 213 es su paciente, espere a que bajen por usted para indicarle el camino”, me señala uno de los custodios; minutos después llega un policía para conducirme al elevador, al terminar mi último registro veo a un joven delgado, de cabello rizado y bata blanca en espera de su visita. El primer contacto es un abrazo seguido de una felicitación. Ayer Mario González cumplió 22 años.

Mario González se encuentra recluido desde el pasado 2 de octubre acusado de ataques a la paz pública. A pesar de las irregularidades jurídicas en su caso y de que no existe prueba alguna que lo incrimine ha sido sentenciado a más de 5 años en prisión sin derecho a fianza. En diciembre pasado puso fin a una huelga de hambre que duró casi 60 días. Las consecuencias en su salud son significativas.

Los cuartos de los hospitales cuentan con la peculiaridad de ser fríos y sobrios; no obstante, algo distinto se percibía en éste. Además de la soledad del único paciente, un cumulo de libros leídos y por leer, así como periódicos de circulación nacional adornan la habitación. Textos anarquistas y una recopilación de los escritos de Ricardo Flores Magón eran los más visibles. “Éste lo estoy leyendo”, me dice, a la par me muestra un ejemplar de Tratado del saber vivir para el uso de las nuevas generaciones. “Es un libro que trata sobre la agitación social radical e inspiró a los jóvenes del mayo francés y a mí me ha servido mucho”, me explica.

Un cubo de rubik  ―con la cara amarilla completada― se muestra en el buro junto a la cama, observo un pequeño pastel casi terminado, pregunto ¿cómo te la pasaste en tu cumpleaños?

 ―Bien. El sentir y ver el apoyo de mis compañeros afuera me animó mucho e incluso, durante un momento pude sentirme libre. Tomé esa colcha negra y con papel de baño le puse un “A” que sostenía con cinta que las enfermeras usan para el suero,  y la mostré en mi ventana que da hacia la calle, sé que me puede constar un castigo, pero aun estando encerrado puedes ser libre en medida de que uno ejerce su libertad, y yo tengo libertad de mostrar lo que soy ―responde.

Al preguntar qué es lo que más extraña de estar libre, el joven suspira y sonríe; “extraño estar con mi compañera, que me de él sol, ver películas y escuchar música; pero, el poder leer más me hace pensar que la calle es muy similar a la cárcel, en ambos lugares tienes malas condiciones de vida: estás sometido a la dinámica del día a día y luchando por sobrevivir”.

“El encierro me ha servido para leer, escribir y reflexionar. No le deseo a nadie estar así, a veces quiero hablar con alguien, enfermeras o pacientes, pero no me lo permiten argumentando que transgredo la seguridad institucional”.

En la torre médica de Tepepan hay figuras como Elba Esther Gordillo y Andrés Granier  Melo, exgobernador de Tabasco, Mario al estar en el área de hombres lo ha llegado a ver y ocasiones  saludar, no obstante, asegura que no es con fin de entablar platica o amistad, asegura que a veces es necesario hablarle a alguien para resistir el encierro y aislamiento.

Mario sostiene que uno de los motivos que lo mantiene preso es el mostrarse como anarquista, porque pese que su defensa ha demostrado que no hay motivos para mantenerlo recluido, le han negado su libertad, considera al anarquismo como algo a lo que el orden establecido le teme. Señala que el Estado también le teme a esa corriente política porque, a su parecer, es el camino que acerca más a los seres humanos a la libertad.

La plática es interrumpida por un custodio que señala que mis 20 minutos de visita han terminado, es inevitable hacer caso omiso pues hemos llegado a hablar de uno de los motores en la lucha  social que reivindica Mario, la defensa de la educación pública y gratuita. Habla sobre su activismo en el Colegio de Ciencias y Humanidades plantel Naucalpan. La plática es nuevamente interrumpida, la despedida va acompañada de una solicitud: “Sigan difundiendo mi caso y gracias por venir”.

Agosto 11, 2014

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